También
la forma del estudio cambia, sustituyendo
los impersonales fondos por nuevos fondos
que contaban con adornos y variados motivos.
En 1910 también los decorados de
los viejos estudios cambian el decorado
de papel maché por auténticos
objetos como árboles, cisnes, flores,
estatuas o armaduras medievales. Algunos
estudios contaban con diferentes platos
para las diferentes ocasiones.
La calidad de las galerías se cuantificaba
en medida de la calidad y cantidad de decorados
que contenían. Los estudios ampliaron
en todo tipo de medios, también empezaron
a incluir los servicios de retocadores,
iluminadores, maquillaje, peluquería,
etc. Estas ampliaciones se suceden en aquellos
estudios que habían alcanzado prestigio.
Mientras que en los que contaban con escasos
medios, era el dueño del estudio
el responsable de todas las tareas.
Pese a esta evolución, el retratismo
de galería cae en crisis hacia los
años veinte debido al exceso de profesionales
que conlleva a la excesiva reducción
de precios. Los fotógrafos se ven
obligados a buscar nuevas alternativas de
negocio. Aprovechando la oportunidad que
les brinda el desarrollo de las revistas
gráficas modernas y la popularización
de fascículos y postales.
Sin embargo, los retratistas menos ambiciosos
se mantuvieron al servicio del pueblo. La
sencillez de sus servicios les permitía
mantener el negocio del retratismo sencillo.
La mayor parte de los mejores retratos de
la época son realizados por estos
modestos fotógrafos populares que
se dedican a reflejar las imágenes
de las gentes de la época. Este retratismo
siguió demandándose por las
gentes de los pueblos, reflejando las costumbres
y realidad social del pueblo llano.
Antes de la incursión de la fotografía
en la prensa, los fotógrafos intentan
comercializar con imágenes del Panorama
Nacional. Publicando fascículos coleccionables
como el "Portafolio fotográfico"
o "España Artística".
Pero la más relevante manifestación
de la industria de las reproducciones fotográficas
son las tarjetas postales que viven su apogeo
entre los años de 1900 y 1925. Las
postales reflejan la fotografía española
de principio de siglo, abarcando todo tipo
de temas: vistas, retrato, deporte, espectáculo,
etc.
Al mismo tiempo, el uso de fotos en la prensa
cambió totalmente el contenido de
las informaciones. Muchas revistas introducen
este nuevo modo de reclamo e incluso algunos
semanarios publican pliegos únicamente
compuestos por foto y pie de foto.
El fotoperiodismo durante los años
veinte busca la especialización (deportes,
cultura, moda, etc.); ya no existe publicación
periodística sin ilustración
y se comienzan a crear agencias de alcance
internacional que cubren todos los puntos
de la actualidad. También las revistas
ilustradas alcanzan a mayor número
de lectores. El hecho de contar con más
imágenes y menos textos da lugar
a un nuevo modo de comunicación al
alcance de cualquier lector. El código
de las imágenes es accesible a todo
tipo de público.
El reportero gráfico se transforma
en otro de los imprescindibles dentro de
la prensa. Mientras que el texto no deja
de ser una fuente de dudosa veracidad, la
fotografía muestra una realidad indiscutible,
al menos desde el punto de vista del lector.
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