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Historia
de cámaras |
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Niepce
en 1816 expone un método con el que
obtener copias de grabados (aunque de nuevo
imperfecto) usando una plancha metálica
embadurnada con un barniz (betún
de judea disuelto que al exponerlo a la
luz se endurece). Se hace el grabado transparente
empleando un aceite. El grabado está
sobre la plancha metálica, que ha
sido previamente recubierta con el betún
de judea.
A continuación se expone al sol.
El betún de la plancha metálica
se endurece, toda menos el betún
que está debajo del grabado. Después,
se retira con un disolvente el betún
que ha quedado sin endurecer (por no haber
estado expuesto al sol) y queda la plancha
con el hueco del grabado que se quiere reproducir.
Se le aplica un ácido a la plancha
metálica obteniendo una plancha que
permitirá por el método de
la estampación crear multitud de
copias del grabado original. Este fue uno
de los experimentos más cercanos
al invento de la fotografía.
El siguiente inconveniente a solucionar
sería lograr no perder el grabado
original en el proceso de elaboración
del molde del mismo. tras varios intentos
al fin logra fijar sobre una de sus placas
recubiertas de betún una imagen con
el empleo de la cámara oscura. Y
así nace de forma completa y concluyente
la fotografía entre el año
1822 y 1827.
Todos estos experimentos empujan a Niepce
a una deficiente situación económica
que lleva a asociarse con Daguerre en 1829.
Tres años más tarde de la
fusión Daguerre-Niepce, éste
último fallece sin haber sacado el
más mínimo provecho ni de
su invento ni de su asociación con
Daguerre. Así pues, Daguerre queda
al mando del desarrollo de la cámara
creando el daguerrotipo. En veinte años
el daguerrotipo prácticamente desaparece
dando lugar a mecánicas mejoradas.
En el mecanismo del daguerrotipo se cambia
la plancha metálica (usada por Niepce)
por la plancha de cobre. Y se cambia la
capa de betún de judea por una capa
de plata metálica. La plancha de
cobre da rigidez a la capa de plata metálica
que es donde se formará la imagen.
Primero, se pule la plancha para que quede
lisa y a continuación se cubre con
una capa de plata sobre la que se pone una
finísima capa compuesta de plata-yodo
(sometiendo a la capa de plata con vapores
de yodo). Será esta última
de capa de yodo-plata la que será
sensible a la luz.
La plancha se monta sobre un porta-chasis
y se introduce en la cámara. A continuación
se proyecta la imagen (apropiadamente enfocada)
sobre la superficie de plata-yodo. Entonces
la luz hace su efecto. Tras el tiempo de
exposición se saca la plancha de
la cámara y se introduce en otra
cámara “de revelado”
donde se materializa la imagen.
La cámara de revelado es una caja
de madera con mercurio dentro sobre un contenedor
metálico, éste se calienta
con un mechero de alcohol (similar a un
camping gas) y esto genera gases de mercurio
dentro de la caja. La plancha se introduce
en la caja y los gases de mercurio reaccionan
en aquellas zonas de la plancha que han
recibido luz (la reacción será
proporcional a la intensidad de luz que
ha recibido la plancha).
Se saca la caja de revelado y se introduce
en un líquido fijador (hiposulfito
de sosa) que elimina las partículas
fotosensibles donde no ha dado la luz. De
esta manera queda mercurio de plata donde
ha dado luz y las zonas de plata donde no
había dado luz (la imagen) queda
con la gradación de blancos y negros
casi perfecta. Son muchas las condiciones
de las que dependía la calidad de
la imagen.
Desde el lanzamiento público del
daguerrotipo el retrato sería una
de sus principales funciones. La sociedad
quiere ser protagonista de este maravilloso
invento y verse fielmente plasmado por el
daguerrotipo.
Los comienzos fueron difíciles, la
escasa calidad de las lentes y la poca sensibilidad
de la placa del daguerrotipo hacen más
difícil la realización de
retratos. Con el paso de los años
comienzan a aparecer sustancias aceleradoras
y mejores objetivos que facilitan la tarea
del retrato en parte porque el tiempo de
exposición sigue siendo excesivo.
Los modelos tenían que posar durante
varios segundos y a veces varios minutos
si poder mover ojos, brazos, cara, etc.
Durante la exposición el más
mínimo movimiento provocaría
una imagen difuminada estropeando el resultado
del retrato. Mas adelante se buscarían
ingeniosos inventos para evitar las incomodidades
de los tiempos de exposición creando
artilugios que servirían de apoyo
de cabeza y extremidades de forma que los
modelos podrían superar sin problemas
el cansancio de la espera.
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