Tenerife
es conocida, internacionalmente, como la isla
de la eterna primavera.
Su situación geográfica, en
una franja imaginaria que rodea el planeta
y en la que están ubicados algunos
de los puntos turísticos más
privilegiados del mundo, hace que esta especie
de eslogan no se aleje de la realidad constatable.
A esta bondad climática contribuyen
los vientos dominantes - los alisios - , la
propia orografía y la corriente marina
fría de Canarias, benéfica responsable
de que las aguas de las costas y playas tinerfeñas
gocen siempre de unas magníficas temperaturas,
a veces por encima de las medioambientales.